En asignaturas como literatura, lengua, incluso también en las horas dedicadas a aprender una lengua extranjera, es bueno que los alumnos de todas las edades tengan, de tanto en tanto, un tiempo dedicado a la lectura libre. Aquí ofrecemos algunas sugerencias al respecto.

Uno de los principales objetivos para cualquier docente de asignaturas vinculadas a la lengua, debería ser transmitirles a los alumnos pasión por la lectura. Tanto si se trata de los pequeños que transitan por los primeros años de educación formal como de los adolescentes que ya están despidiéndose de la escuela, nunca es tarde para introducir en el aula una práctica que será indudablemente muy beneficiosa para todos: la hora de lectura libre.

Cómo abordar esta práctica

La idea es que los alumnos dispongan de un tiempo dentro del aula para leer lo que ellos quieran. Con esto nos referimos tanto al libro que en el momento se esté trabajando en el aula como a otro tipo de lecturas: novelas, cuentos, poesía, libros que puedan tomarse tanto de la biblioteca del aula como que los propios alumnos puedan traer de sus casas, ya sea para leer ellos mismos o bien para compartirlos con sus compañeros. Algunos docentes incluyen también la lectura de diarios y revistas.

Es bueno que el propio docente también aproveche esta hora para leer junto a sus alumnos. Una buena idea es terminar leyendo un relato o un texto en voz alta, no solamente los alumnos más pequeños disfrutarán de este momento sino también los mayores, a quienes con toda probabilidad hace mucho tiempo que nadie les lee en voz alta simplemente para disfrutar de la lectura.

Algunos docentes cambian el espacio para este tipo de clases: una visita a la biblioteca de la escuela, por ejemplo, puede ser la oportunidad para hacer un rato de lectura libre.

Errores comunes en la implementación de la lectura libre

Muchos profesores deciden obviar esta práctica cuando, las primeras veces que la implementan, descubren que les cuesta mucho mantener el orden en el aula y los alumnos se dispersan conversando. En realidad, parte del aprendizaje consiste en que los propios alumnos descubran que pueden leer, en silencio o bien en pequeños grupos, y que ello no constituye una “pérdida de tiempo” sino un momento provechoso.

Otro error es que el docente pase por alto a los alumnos que no leen, siempre y cuando no molesten. Muchos alumnos necesitan del estímulo del docente para tomar un libro y leer algo, al menos un texto corto. El docente puede fomentar esto organizando breves exposiciones donde los estudiantes comenten lo leído, hagan un debate o publiquen una breve reseña en la página web del curso, etc.

De esta manera, se les transmite a los alumnos que la lectura nunca es una pérdida de tiempo sino siempre parte de una actividad productiva.