La política es una forma de socialización que discretamente fundamenta cada una de las variantes de relación entre los humanos. Pero hay quien ha ido más allá de esta consideración, como el genial Nietzsche, y ha develado a la existencia personal de cada hombre- la subjetividad- como una manera de desplegarse de la política, dando a entender que la realidad entera no es más que la virtual superficie de una mar de poder en perpetua agitación. La educación no sería más que el adecuado abstraer de este desarrollo vital, en aras de fundamentar las construcciones sociales, desde la teoría, solida estructura de pensamiento, y no solo desde una praxis inestable. Esta circunstancia se hace patente desde la pedagogía de monstruoso, como veremos a continuación.

En la cinta La Mosca (1986) del director David Cronenberg, se nos presenta la progresiva descomposición física de un ser humano, por haber alterado accidentalmente su estructura genética al fusionarla con la de un insecto.

Brutalidad disimulada, o refinamiento extremo

Sin embargo, es interesante considerar que así como la transformación corporal del científico tiene lugar, hacia una sencillez monstruosa: las formas esenciales de un humano y de un insecto, una proceso de abstracción delirante y grotesco; del mismo modo su mentalidad, su percepción de lo real también cambia, y en una intensa secuencia del libreto, el protagonista comenta ante el peligro de la pérdida de control total de su pulsión instintiva: “Los insectos no tienen política”.

¿Hacia dónde se orienta esta declaración: rumbo a una simplificación de la actitud existencial de un ser, es decir, un primitivismo sin velos; o por el contrario, hacia una sofisticación del ser propio de cara a los demás y al mundo entero? La educación tiene la respuesta.

La educación como baluarte de humanidad

La conversión de Seth Brundle en la cinta de Cronenberg, parecería constituirse en una perspectiva dolorosamente literal de “La Metamorfosis” de Kafka. Esta similitud puede no ser gratuita: si Kafka cuestionó la estructura relacional de los hombres por medio de una acentuación del absurdo inherente a lo humano, Cronenberg, inquiere lo mismo pero acerca de la subjetividad particular del hombre. La educación fomenta una perspectiva del mundo desde esa posición individual, por lo tanto, lo mejor que puede brindar la escuela es una toma de posición político-existencial ante la realidad entera, tomada como mundo.

Los horrores del hombre mosca, el pavoroso ser Brunlde-fly del final de la cinta comentada, nos deja ver el autentico valor que tiene la educación: puede ser una cubierta, una derivación de la política, pero en última instancia- como el sacrificio efectuado por el monstruo en el climax de la película nos traduce- no queda nada más a lo que acudir: tenemos que justificar nuestra humanidad en la piedad, la comunicación y la comprensión por el dolor ajeno. En la educación lo tenemos todo, hay que apostar por ella.