Es preciso considerar alternativas para las estrategias didácticas habituales. Las nuevas generaciones van transformando su manera de razonar, y de experimentar la realidad, de acuerdo a sus circunstancias socioculturales. La manera común de enseñar, fundamentada en el método deductivo-analítico no es la única. En lo que sigue trabajaremos una posible pedagogía de la inducción.

Particularidades de la inducción

Se conoce como inducción al modo de razonar que se lleva a cabo desde el análisis del mayor número de eventos particulares para desembocar en una conclusión de aceptación universal. La inducción es el ejercicio calculado del generalizar, cuya perspectiva se desarrolla más allá de los acontecimientos estudiados. Veamos las posibilidades educativas de esta manera de pensar. Pronto comprobaremos que el pensamiento inductivo tiene sus propias particularidades y vías de aprovechamiento.

Un ejemplo del método inductivo

Imaginemos un número cualquiera de conejos, y al percatarnos de que son blancos, bien se puede llegar a la conclusión de que todos los conejos son blancos. A pesar de que, desde una perspectiva psicológica, esta vía de entendimiento sea muy normal, en lo que se refiere a su solidez lógica, es muy escasa, principalmente por lo que se refiere al número de eventos analizados y a las excepciones que pudieran presentarse. La inducción es, más que nada, una alternativa de conocimiento a posteriori, en relación a la experiencia común, que más bien se maneja bajo un esquema de conocimiento a priori, previo a todo experimentar, y más próximo al hábito deductivo.

El entendimiento inductivo brinda datos certeros y válidos pero permanentemente circunscritos a lo particular, a lo relativo a un solo acontecimiento, y en cada ocasión, luego de que este suceso haya tenido lugar.

Pedagogía de la inducción

Ahora bien, pensando en un posible esquema didáctico, fundamentado principalmente en la inducción, podríamos considerar que solo podría ser aplicable a aquellas materias de la cultura que se caracterizan por incluir una reducida consistencia lógico-racional y que, por esta misma razón, no requieren de un grado significativo de previsibilidad.

La pedagogía de la inducción se ocupa más bien de experimentar lo incierto, de adquirir una vivencia extrema de la misteriosa fuerza a la que se denomina- siempre provisionalmente- como “azar” y que permanentemente da cuenta del entramado de los acontecimientos del mundo. Una estrategia de enseñanza orientada a lo imprevisible ponderaría que los jóvenes fueran capaces de percibir los rompimientos, más que las continuidades de la historia de la cultura.