Uno de los elementos básicos para entender el arte, y en concreto el del S XX, es la historia. La historia se reinventa en cada momento y cada momento tiene su arte. El arte alude a una sensibilidad, la del espectador, y este arte a su vez representa los fundamentos de la cultura en ese contexto histórico. El arte pretende representar su momento histórico y los valores nucleares de su época.

Cada cultura tiene sus propias obras de arte y en algunas los estilos artísticos han cambiado significativamente mientras que en otras han permanecido más o menos igual a lo largo de su historia.

Los historiadores y especialistas del arte han asignado nombres y fechas a estos movimientos, siempre cambiantes y a la expectativa de nuevas fuentes que les proporcionen formas de expresión diferentes.

La trasgresión del arte
El camino que separa a Monet de Picasso tiene muchos kilómetros, pero esto no quita que ambos bebieran de ideas parecidas: el anhelo de romper con las normas establecidas y de cambiar el concepto tan cuadrado y establecido que se tenía del arte en sus respectivas épocas. Para entender a Malevich en su “Blanco sobre Blanco” primero hay que entender la historia y evolución del arte que le precede.

Hay que conocer a los artistas que, antes que él, ya luchaban por cambiar las “formas de ver” de sus contemporáneos y trabajaban sobre conceptos de “experimentación” y “cambio de perspectiva”. Seguramente los renacentistas se echarían las manos a la cabeza si vieran como la “Rueda de bicicleta sobre un taburete” (1913) de Duchamp es considerada una obra de arte, pero un Cezanne no quedaría tan sorprendido aún separándolos dos décadas de sus obras más representativas.

¿Quién fue el primero en hacerlo?
Cuántas veces he tenido que escuchar: “Eso lo hace mi sobrino de cuatro años” o “Cualquiera puede ser artista”. En esto último estoy de acuerdo, sí cualquiera puede ser artista o… se puede ser un artista cualquiera… El truco está en ser capaz de romper moldes, innovar y agudizar el ingenio. El valor de la obra de un Picasso no es tanto su valía estética si no su aportación conceptual. ¿Por qué no tratamos de ver el mundo a través de un caleidoscopio? Y porque no.

A éste tipo de propuestas es a las que se escucha en el arte de hoy en día. Ideas que se atreven a ver más allá de lo que ya está establecido, a salir de la rutina, a hacernos ver la vida de un modo diferente y a enriquecer nuestra mente como ya se atrevieron a hacer Moreau y Kirchner en su momento.

La evolución desata el arte, la estaticidad lo mata
¿De qué nos hubiera servido seguir pintando hasta nuestros días, obra tras obra, todos iguales, en una homogénea variedad de cuadros como los artistas del renacimiento? Aquello estaba más que re-inventado y era llover sobre mojado. Al entendimiento de muchos historiadores, aquí es donde entran figuras como Warhol, Kandinsky, Gauguin, Braque, Pollock… y muchos otros, que asumieron el reto de enfrentarse a las críticas y desprecios de la sociedad, por llevar sus ideas hacia delante y, ya de paso, abrir los ojos a muchos que aun hubieran seguido pintando “El nacimiento de Venus” (Botticelli, 1484) por quincuagésima vez.

El artista debe crear sus obras moldeando su monotonía hasta volverla irreconocible.