Estas construcciones megalíticas constituyen uno de los grandes misterios arqueológicos de todos los tiempos

En el año 1772, el explorador holandés Jacob Roggeveen descubrió la conocida isla de Pascua, una isla ubicada en el extremo oriental de la Polinesia, en medio del océano Pacífico.

Esta isla pertenece a Chile, y se trata del territorio con población humana más alejado del planeta. La población más cercana a ella se encuentra a unos 2.000 kilómetros de distancia.

Pero lo que más sorprende de esta isla son las 550 figuras talladas en piedra volcánica que se encontraban repartidas por todo el territorio. Desde su descubrimiento, se han formulado muchas teorías a cerca de su origen que, aún a día de hoy, sigue siendo un misterio.

¿Qué son los moáis?

Un moái es una construcción megalítica tallada en piedra volcánica y que exclusivamente se encuentran en esta alejada isla del Pacífico. Sus dimensiones varían entre los 4 y los 20 metros de altura. Además, en su cabeza llevan una especie de sombreros de piedra roja, llamados pukao, que pesan más de 10 toneladas.

Aunque existen varias teorías sobre su significado. La idea más común es que estas estatuas fueron talladas entre los siglos XII y XVII por los propios habitantes de la isla en recuerdo de sus antepasados.

Por ello, las figuras debían situarse encima de unas plataformas ceremoniales, llamadas ahus, con ojos de coral o piedra volcánica roja y con el rostro hacia el interior de la isla. Así, las estatuas se convertían en la encarnación del ancestro representado.

El misterio de su construcción

En torno a la construcción de las figuras también hay bastante misterio. La teoría más extendida es que estas estatuas se tallaban en la ladera de un volcán extinto.

Primero, el moái era tallado en la propia ladera, quedando unido a al volcán por la espalda. Como la roca volcánica era fácil de cortar, el siguiente paso era separar la figura de la ladera haciendo una especie de quilla.

El verdadero misterio reside en la forma por la que eran trasladados y situados los moáis. Una primera teoría es que, na vez que estaba separado de la ladera del volcán, la figura era deslizado ladera abajo, casi seguro mediante el uso de trineos o rodillos de madera; una segunda teoría es que eran movidos balanceándolos con cuerdas.

Precisamente se han descubierto carreteras que certifican que los moáis eran trasladados utilizando maquinaría compleja.

Sea como sea, esta isla sigue siendo un enigma y un atractivo destino turístico.