Cuando conseguimos sumergirnos durante horas y horas en un libro, evadiendo nuestros pensamientos de la rutina de un día lleno de preocupaciones sin la noción del tiempo que pasa, nos encontramos señores, ante una buena novela escrita por un gran narrador. Y es que las grandes novelas solo nacen de la mente privilegiada de aquellos que saben estructurarlas y contarlas como si de nuestra propia aventura se tratara.

La comunicación entre los hombres es indispensable para nuestro crecimiento. Desde tiempos remotos practicamos ese exquisito hábito de contarnos historias, transmitirlas y prolongarlas de generación en generación hasta nuestros tiempos, a los que ningún antepasado imaginaba que llegarían.

Las primeras escrituras surgieron como una forma de guardar y registrar detalles de leyendas que contaban las hazañas de las batallas más destacables, de las historias de sus reyes o de las costumbres que distinguían a las diferentes culturas. La tradición oral y la transcripción de estas historias han hecho que se fueran deformando, interpretando y reinterpretando los detalles y los hechos según la imaginación y la memoria del narrador que las relataba, ampliando el imaginario y liberando los limites de la consciencia hacia mundos en los que nunca hemos estado en la piel de un personaje que inventamos a nuestro gusto y semejanza.

La literatura es mágica

El poder de un escritor y la fuerza de su pluma pueden llegar a ser implacables si el literato es hábil en su discurso y libre en sus pensamientos. Hoy la gente lee libros por placer, para aprender acerca del mundo o evadirse de su vida cotidiana: aventurarte en tramas y escenarios que, tal vez, no verás en tu vida en el cuerpo de un personaje que resulta ser tu antónimo pero al cual acabas cogiéndole cariño porque resulta que salva al mundo y resuelve el gran misterio de la fuente de la vida…

Esto hace que, por un lado, el lector se sienta recompensado por su esfuerzo por tratar de entender una historia que el escritor se imaginó en un su cabeza y plasmó en la suya; y que, por otro lado, el escritor quede reconfortado por el dialogo conseguido entre su obra y el lector, al provocar en él reflexiones y sentimientos dormidos que tal vez el propio espectador desconocía que poseía. El gran reto y el valor que se le atribuye a un buen autor es precisamente conseguir involucrarnos en su historia hasta el punto de creer, aunque sea por unos minutos, que estamos viviendo en ella.

Obras recomendables

Para concluir este artículo queremos recomendar, a título personal, algunas obras y autores que forman parte de nuestra historia literaria y contemporánea, y que consideramos deben formar parte de nuestra biblioteca de evasiones.

– Los Pilares de la Tierra de Ken Follet

– Cumbres Borrascosas de Emily Brontë

– La Cabaña del Tío Tom de Harriet Stowe

– Crimen y Castigo de Fedor Dostoievski

– Drácula de Bram Stoker

– Los Miserables de Víctor Hugo

– La Guerra y la Paz de León Tolstoi

– El Origen Perdido de Matilde Asensi

– La Sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón

– David Copperfield de Charles Dickens

– Rimas y Leyendas de Gustavo Adolfo Becquer

– El nombre de la rosa de Umberto Eco

– El Ocho de Katherine Neville

– Trenes nocturnos de Barbara Wood