Berger consiguió por primera vez en 1924 con su electroencefalógrafo recibir los impulsos cerebrales desde el cuero cabelludo, aumentando su potencia y conduciéndolos hasta este instrumento de registro. Por las curvas trazadas en el electroencefalograma (EEG) se pudo obtener importantes conclusiones sobre enfermedades del cerebro, pero también sobre enigmas de la investigación sobre el dormir y el sueño.

Los científicos, y especialmente los norteamericanos Kletmann y Dement, descubrieron que el hombre duerme y sueña según un ritmo perfectamente determinado. Antes de que la persona caiga en brazos del sueño, el EEG registra las curvas planas, rápidas e irregulares de las corrientes cerebrales. Sin embargo, cuando éste se encuentra ya en la posición relajada de descanso, o sea cuando todavía está despierto aunque con los ojos cerrados, aparece un nuevo ritmo llamado Alfa.

Fases

Primeramente, transcurre en períodos tranquilos y regulares de nueve a trece segundos. Pero las curvas Alfa pronto se hacen más planas: desaparece el mundo exterior y se abren las puertas hacia el inconsciente. Se ha alcanzado las Fase I de l viaje hacia las profundidades del sueño. La Fase II sigue al cabo de pocos minutos. El diagrama traza una línea zigzagueante que, a un ritmo rápido, aumenta y disminuye. Después siguen las curvas de la Fase III, más grandes y lentas, que aparecen a cada segundo. Las curvas igualmente amplias y lentas de la Fase IV, o curvas Delta, que se asemejan a las laderas de una montaña, corresponden a la fase del sueño profundo. A esta fase se llega unos veinte minutos después de quedarse dormido y suele durar unos treinta minutos.

Entonces comienza el primer retroceso hacia la Fase I, que se alcanza de nuevo a los sesenta a setenta minutos después de quedarse dormido. Aunque la imagen de las ondas trazadas sobre el diagrama es casi igual a la que se produce en estado despierto, no por eso se puede despertar fácilmente al que duerme. Su sueño se mantiene unos diez minutos en esta fase y después vuelve a comenzar el ciclo de fases aunque ya no se vuelven a alcanzar por completo las profundidades obtenidas durante la IV Fase.

El movimiento de los ojos

Pero los investigadores observaron algo más cuya interpretación les ocupó algún tiempo. Se pudo comprobar que cada persona dormida realizaba movimientos lentos y circulares con las pupilas, por debajo de los parpados cerrados y de vez en cuando estos movimientos se hacían más rápidos e inquietos. ¿Eran estos movimientos una muestra de que el dormido estaba soñando en ese preciso momento? Esta hipótesis demostró ser correcta después de innumerables experimentos. La fase de los movimientos de los ojos correspondía al EEG de la Fase I del sueño. Quien sea despertado durante esta fase, podrá informar en casi todos los casos sobre lo que ha estado soñando.

Las personas a las que se impide dormir durante las fases I y IV, despertándolas al llegar a ellas, pueden sufrir daños en su salud después de algunos días de este tratamiento, y llegan incluso a delirar y a mostrar síntomas de desequilibrio mental. En cuando por fin se deja dormir a esta persona, los períodos de sueño son más largos.