Una de las figuras más destacadas de la cultura popular de España, entre tanto esparcimiento brindado a generaciones por medio de sus divertidas novelitas de a duro, encierra una cierta filosofía de vida, que vale la pena recuperar. Así como John Ford o Clint Eastwood lo lograron, Don Marcial también supo hacer de los relatos del salvaje oeste toda una lección de sabiduría para el alma.

Los personajes de Estefanía: dilemas vivos

Como hemos visto en alguna entrada anterior, la novela de Lafuente Estefanía titulada “Primero el deber” nos proporciona un ejemplo claro y provechoso de la manera en que Don Marcial pensaba a sus personajes como situados en una permanente confrontación entre sí, dentro de un ámbito cerrado, pero siempre en relación con una posible superación del mismo.

Por ejemplo, en esta novela el comisario Lou Patrick se encuentra en el dilema de hacer valer la justicia y detener a su mejor amigo, el pistolero Clint Russell, que cometió un asesinato, no premeditado, por una trampa en el póker, o dejarlo en libertad para que trate de demostrar su inocencia; el mismo Clint, se encuentra en la incertidumbre de entregarse y hacer lo que la ley demanda, o unirse a la banda de Rex Nash, en donde tiene la manera de escapar, derrotando a Patrick y al sheriff que lo persigue desde otro poblado. Cada uno de los personajes de Don Marcial, se encuentra en una permanente disyuntiva.

La confrontación como motor del ser

Si bien todos estos conflictos se llevan a cabo en el simbólico espacio del típico pueblo del Oeste, lo cierto es que a final de cuentas, la decisión que toman los personajes de Lafuente Estefanía– luego de una serie de dificultosas elecciones, traducidas en las aventuras mismas de sus novelas- siempre se vinculan con un espacio localiza más allá de su universo de western. El comisario actuará de manera heroica y derrotará a los malhechores, renunciando a la chica de sus sueños, fundamentando su resolución en un vacío intuido allende su particular circunstancia.

Los personajes de Lafuente Estefanía no tienen porque actuar de cierta manera, ni tomar una elección en cuanto a las ardorosas disyuntivas en las que siempre se sitúan, pero lo hacen precisamente para construirse, por su propia cuenta, una razón de ser. La simplicidad aparente de su esencia podría no ser tal, sino más bien la transparencia de muestra eticidad liberada de toda moralina. Las historias de Marcial Lafuente Estefanía son una profunda manifestación de la voluntad instauradora de lo humano, para sí y para el mundo.