La historia está marcada por grandes enigmas y, en muchos casos, por el derramamiento de sangre y la avaricia. Eso ese lo que ocurrió con los españoles en Perú, donde secuestraron a Atahualpa y tras pedir oro como rescate, y serles concedido le asesinaron. Pero esto no acabó ahí, y decidieron buscar una ciudad más al norte que al parecer estaba hecha con oro: El Dorado.

El Dorado era, probablemente, una persona, y no una ciudad como creían; el jefe del pueblo chibcha (o muisca). Este pueblo ocupaba el extremo norte de los Andes, y su jefe estaba asentado en la actual Bogotá. El Dorado recibió su nombre de un ritual en el que su jefe era cubierto de oro en el lago Guatavita, y, además, el jerarca tiraba objetos de oro al agua.

Las búsquedas de El Dorado

En junio de 1535 Georg Hohermuth, gobernador alemán de Venezuela, partió en busca de El Dorado con 400 hombres. A 100 kilómetros del lago decidieron volverse, sin saber que estaban “tan cerca”, decidieron volver a Venezuela. Volvieron sin 300 hombres, estaban muertos. Al año siguiente el conquistador español Sebastián de Benalcázar partió con el mismo fin. Y unos meses después Nicholaus Federmann se embarcó en la misma misión.

Pero el que más lejos llegó fue Gonzalo Jiménez de Quesada. Este jurista organizó una expedición a los Andes. Condujo a sus hombres hasta una serie de pueblos chibchas, donde saquearon y torturaron a los habitantes. Al saquear la casa del jefe, descubrió que tenía placas de oro macizo en las paredes. Continuó buscando y se unió a Benalcázar y Federmann y fundaron la ciudad de Santa Fe de Bogotá. Curiosamente llegaron al lago de oro pero no encontraron el Dorado porque a no existía. La tribu que realizaba ese rito había sido derrocada unos años antes.

Esclavización de los indígenas

En 1545 Hernán Jiménez de Quesada, hermano de Gonzalo, intentó apoderarse de los tesoros del lago Guatavita. Esclavizó a un gran número de indígenas para coger el agua en cubos y sacarla del lago. Consiguió que bajara el nivel del agua 2,70 metros y varios cientos de objetos quedaron al descubierto. Pero 40 años después lo volverían a intentar.

Un comerciante español reclutó a 8.000 aborígenes y les mandó construir un canal para drenar el lago. El nivel del agua descendió 18 metros, con lo que consiguió apoderarse de un gran número de objetos. Pero los corrimientos de tierra obstruyeron el canal y acabaron con el proyecto.

Desde el último intentó llevado a cabo por una empresa británica, a principios de siglos, el gobierno colombiano dictó una ley con la que se defendía al lago de los cazadores de tesoros. Pero las riquezas siguen atrayendo a los viajeros. Muchos de ellos aseguran que los descendientes de los chibcha siguen celebrando el ritual en lugares apartados de los extranjeros. Gracias a ellos, la leyenda de El Dorado sigue viva.