El célebre literato noruego Knut Hamsun, nos brinda en sus obras más logradas, una completa sabiduría del vivir, que va más allá de lo meramente escritural, para alcanzar cotas de una filosofía existencial pura y buena. Pronto veremos que en algunas de sus creaciones inolvidables, más que novelas, se constituyen en auténticos testimonios de una intenta pasión por ser, Hamsun se comunica con nosotros, literalmente, tornando común y sensible, aquello que la cotidianidad adormece y vuelve ajeno: el corazón. Hamsun nos ayuda a recordar que somos más de lo que la moral, los convencionalismos, y el sentido común nos dicta.

El hambre de religación

En su extraordinaria novela “Hambre”, Hamsun nos presenta las andanzas de su alter ego, un joven vagabundo que deambula por las umbrías calles de Oslo, procurando saciar un apetito inclemente. Por medio de esta alucinante necesidad vital, podemos percibir las experiencias del protagonista al relacionarse con sus semejantes, y las diversas reacciones que tienen ante el desdichado errabundo: desde el rechazo y la burla, hasta la compasión y el amor. Más que un hambre biológica, lo que nos transmite este premio nobel escandinavo es una menesterosidad social.

El héroe de Hamsun desea integrarse con los demás, pero sin renunciar a su interioridad, al núcleo vivo y latiente de su propia persona. Esta paradoja, que define en gran medida la problemática social del siglo XX, es uno de los más importantes trasfondos de esta novela memorable.

Entre la pasión y la fantasía

Por otra parte, la narración titulada “Pan” es la esencia del arte de Hamsun. Se trata de una historia de amor y desencuentros, pero también es una exploración a las profundidades mágicas de Escandinavia, reflejada en la honda intuición místico panteísta de todo creativo. El héroe de esta historia, un serio y reflexivo cazador se ve envuelto en una tortuosa relación con una bella, pero veleidosa joven, habitante de un pueblecito noruego.

Las fantasías y ensueños que despiertan en el cazador, los espacios de naturaleza fecunda y misteriosa que frecuenta, son como una metáfora de las propias agitaciones atribuladas de su corazón enamorado. Hamsun supo expresar en “Pan” que la vida es un conglomerado de sortilegios, pasiones y milagros, que superan grandemente toda moral y todo pragmatismo. Y es que solo basta un suspiro, desde la perspectiva de la aventura del vivir, para adivinar que un cosmos se avecina, en el alma de un mismo ser.