La integración de niños discapacitados o con necesidades especiales a la educación común presupone grandes cambios en el sistema educativo y en la comunidad en general, por lo que en muchos lugares aún no es una realidad. Sin embargo, la integración temprana de estos niños a un ámbito «normalizado» significa también su mejor inserción en la sociedad.

La integración de niños con necesidades especiales a la educación común ha sido objeto de discusión desde hace muchos años. Este tema suele generar polémica, aunque en muchas escuelas se ha logrado una integración exitosa a través de métodos propios. Es importante para los niños aprender sobre la diversidad y la tolerancia, y estos programas de integración son, sin lugar a dudas, un ámbito propicio para conocer estos valores.

La creación de espacios diferentes… signo de la exclusión

La necesidad de que todos los niños alcancen los mismos objetivos pedagógicos en tiempos iguales hace que muchos pequeños se sientan fuera del sistema desde edades muy tempranas.
Cuando un niño no puede ubicarse dentro de estos parámetros “normales”, pasa a tener ciertas necesidades que la escuela común no puede afrontar. La educación especial se convierte así en su único refugio. Si bien no es malo para un niño formarse en una escuela de este tipo, su integración social será más sencilla si puede, desde sus primeros años, adaptarse a un ámbito educativo normalizado.

Cambiar esta situación significa realizar una completa reestructuración del sistema educativo y de sus maestros, ya que deben introducirse en el ámbito académico “normal” nuevos métodos que permitan tanto a unos niños como a otros alcanzar las metas establecidas. Aunque lentamente la integración se está convirtiendo en una realidad para muchos niños, queda aún mucho por hacer.

Por qué un niño con necesidades especiales debe ir a una escuela común

Aunque un pequeño presente una discapacidad sigue siendo un niño como cualquier otro. Su desarrollo puede o no depender de su problema y aunque sí requiere una estrategia educativa particular que le permita, de acuerdo con su discapacidad, alcanzar los objetivos propuestos por los docentes, está completamente preparado para concurrir a una escuela normal. La discapacidad no debería ser, por lo tanto, el eje de la problemática, sino que se deberían evaluar cuáles son las capacidades que sí poseen estos niños y cómo se puede adaptar el método educativo a estas necesidades.

Parte de la tarea formadora que la escuela tiene es la de preparar al niño para desarrollarse en el mundo exterior. La mejor manera de lograr que se integre a la sociedad de manera normal es brindándole la posibilidad de crecer y desarrollarse en este ámbito. Para muchos padres esto representa el riesgo de que su hijo sea ridiculizado o incluso maltratado por sus compañeros, pero con las estrategias adecuadas, no debería existir este problema.