Antiguamente, la copia minuciosa de una obra de arte no se consideraba un plagio sino un perfeccionamiento de la técnica. Los alumnos adiestraban sus sentidos reproduciendo las obras de sus maestros con sumo detalle para conseguir la aprobación del gremio y, con ello, el derecho a ejercer su arte. Actualmente, la copia de una obra (ya sea de un maestro o principiante) es considerada un robo de la propiedad intelectual de un artista y, se considera, debe ser atacada y perseguida como tal.

Muchas de las falsificaciones de las obras de arte, ya sean de pintura, escultura, objetos arqueológicos… son tachadas de meras reproducciones, falta de inventiva o estafas, por querer revendernos algo que ya existe y que carece de originalidad. Pero, ¿de verdad podemos confirmar con tanta rotundidad que no existe arte en estas falsificaciones?

¿Debe considerarse al falsificador un artista?

Cabe considerar que estas reproducciones sirven para poner de manifiesto la habilidad del falsificador- como ya hiciera Miguel Ángel cuando falsificó un trabajo de su maestro Domenico Ghirlandaio para demostrar su capacidad como artista- ya que si éste logra confundirnos nos estará demostrando que domina la técnica y por tanto el arte. Pero no demos limitar al artista a la función de un simple manufacturero.

Podríamos hacer un símil entre el arquitecto y el peón de una construcción donde el artista sería el arquitecto, el peón el falsificador y la construcción la obra de arte… porque no es lo mismo tener la idea que ejecutarla. La intención de este ejemplo no es confrontar con clasismos una profesión con otra, si no dejar claro que la figura del falsificador se ahorra ese costoso y tormentoso proceso de pensar, intentar, frustrarse y volver a pensar, para pasar a ser solo la mano ejecutora de una obra que se le sirve en bandeja de plata.

El falsificador, considero, es un artista incompleto que controla la teoría, la práctica y la técnica de las artes pero que está carente de imaginación, inventiva y valor para exponer sus ideas a críticas que podrían no caer en gracia- véase el conocido caso de Van Meegeren y sus falsificaciones de Jan Vermeer. La destreza, el trabajo, el talento y el ingenio son los cimientos de cualquiera que se considere artista y el falsificador cojea de uno de ellos. Con sus acciones ataca al arte, prostituye las obras y devalúa el mercado.

¿Existe una diferencia entre un imitador y un falsificador?

Académicamente hablando estas palabras son sinónimas y la diferencia entre ellas es sutil y apenas perceptible, pero creo necesario matizar que el fondo e intención de sus ejecutores distan bastante de las apariencias.

El imitador ejecuta su acción copiando lo más verazmente posible el objeto de su interés- ya sea un cuadro, una canción o un personaje televisivo…- pidiendo prestada la inspiración e interactuando con ella. A diferencia del falsificador, el imitador aporta pequeñas modificaciones a la obra que, aún conservando la esencia de la idea, no sustituyen en ningún caso al original ni la hace pasar por auténtica.