Educarse no se circunscribe únicamente a escuchar lecciones y aprenderlas de memoria. Porque eso, lo único que propicia es incrementar la relevancia que tiene el olvido en el vivir: nunca basta lo que podemos recordar para lo que podemos desear. De tal suerte que es necesario establecer un trabajo de pensamiento sobre las ideas acerca de lo pedagógico, y así, indagando sobre las razones de las didácticas y sus consecuencias, aprender a pensar y pensar el aprender, en el marco de la existencia de todos.

Escribe la talentosa guionista Doris Band, que un beso no es más que un mordisco que aprendió educación.

La educación más básica

Dos cosas sobresalen de esta ocurrente metáfora: que la educación se relaciona siempre con los aspectos más primarios del existir (el amor, la carnalidad) y que hasta la educación se aprende. La cultura no es más que una serie de capaz, que cubre una voluntad inmensa de ser y sentir. Pero hay que saber cómo transitar, como retornar a través de ellas, para rescatar ese impulso vital que lo justifica, que nos motiva en cada aspecto del Todo: eso es saber, como aprender.

El deseo de ser diferente

La veta cívica que fundamenta toda tentativa seria de instruir escolarmente a las nuevas generaciones, nunca debe de cesar, ni de perder su intensidad formativa. Y esto es recomendable aún en tiempos en donde los valores parecen difuminarse en los vendavales de la relatividad. La razón de este juicio, se basa en la perspectiva del ateniense Platón, quien aseveraba que la meta principal de la educación es el propiciar la virtud y el deseo de transformarse en un buen ciudadano.

Paradójicamente, la racionalidad, bien que mal, la más alta posibilidad de existencia que tienen los seres, solo se hace accesible en la relación, la comunicación con nuestros semejantes. De tal suerte que aprender a ser diferentes, para poder ser comunes a los demás, es el contrasentido más recto, sensato y valioso de la escolaridad.

Libertad de tiempo, es tiempo de libertad

Para el agudo Bertrand Russell, la sabia utilización del ocio, es el resultado de la civilización y de la educación. Siguiendo el parecer de este pensador británico, se puede comprender como la única manera de aprender algo es teniendo el tiempo necesario para ello.

Uno de los aspectos más importantes del estudio es que nos permite tomar distancia, liberarnos, y considerarnos como entes de posibilidad no forzosamente pragmática: no tenemos que hacer algo para ser, basta con tomar conciencia (de ello), sin más.