Muchas veces el niño pequeño que fue criado en un ambiente bilingüe se resiste a hablar en la segunda lengua. Este problema puede ser sólo un paso más en el desarrollo del pequeño pero también puede tener origen en problemas con los padres o el entorno.

A diferencia de lo que ocurre con los adultos cuando se enfrentan a un nuevo idioma, los niños aprenden escuchando y será el lenguaje oral el que podrán reproducir primero. Para ayudarlo a desarrollar el lenguaje es necesaria la exposición constante a elementos que lo estimulen pero aún ante la presencia de estas herramientas el niño puede tener dificultades para expresarse o no querer hacerlo.

El niño no siente necesidad de hablar

El niño pequeño que no habla suele comunicarse con sus padres a través de gestos, señas o incluso gritos. Los papás solemos entender estas señales y acudir en su ayuda aún sin forzarlo a emitir palabra. Cuando el niño va creciendo esta primera herramienta de comunicación puede volverse un problema ya que el niño siente que no es necesario utilizar palabras, él se hace entender perfectamente y no tiene por qué recurrir a otro sistema para comunicarse.

Esto que sucede tan frecuentemente en niños monolingües puede perjudicar también el desarrollo de una segunda lengua. En ocasiones los niños se sienten más cómodos hablando en un idioma y utilizan señas para responder a lo que se les dice en la segunda lengua. La única estrategia que se utiliza en estos casos es decir al pequeño que no se le entiende cuando se expresa así y que debe pedir lo que quiere con palabras.

El nivel de los padres puede ser una barrera

Si los papás no tienen un nivel nativo puede ser que presenten algunos obstáculos a la hora de enseñar a su hijo una segunda lengua a un nivel óptimo. Al principio las dificultades de los mayores no serán problema pero a medida que quiera ayudarse al niño a ampliar su vocabulario, mejorar su gramática o crecer en el dominio del otro idioma el nivel de los padres puede condicionar estos progresos.

Los padres no motivan al pequeño

El aprendizaje de una nueva lengua no debe ser una obligación ni una tortura. El niño debe aprender naturalmente, al igual que sucede con su propio idioma. Los papás deben ayudarlo, motivarlo, mostrarle las ventajas de aprender e incentivarlo a que hable. Si el niño no siente necesidad de aprender y hablar, no lo hará.

El rechazo de los pares

No todos los niños son criados en ambientes bilingües y eso supone para el niño una diferencia con sus pares. El pequeño que habla una segunda lengua puede verse excluido del grupo, especialmente cuando es muy pequeño y aún mezcla ambos idiomas. En estos casos puede que el niño no quiera hablar en otro idioma.