La correcta enseñanza del lenguaje tanto en su modo oral como en el escrito, del mismo modo que las Matemáticas, han de contemplarse como las materias primordiales de la escuela primaria. Por lo tanto, deben ser impartidas con suma dedicación y esmero por parte del profesor. Y por el hecho de que el lenguaje escrito, en muy contadas ocasiones se llega a enseñar fuera de las aulas, debe tener primacía dentro de los objetivos pedagógicos del maestro.

Objetivos de la enseñanza de la expresión escrita

1.- Objetivo principal. La finalidad capital de la didáctica del lenguaje ha de ser: motivar la capacidad para expresar los pensamientos, tanto por la vía de la palabra oral, como por el uso del alfabeto escrito. Esto es, desarrollar a los educandos para el manejo adecuado de su propio idioma, brindándoles valiosas estrategias y vías de comunicación.

2.- Propósito educativo. Enriquecer el pensamiento, cultivar la mente en su lenguaje interior: obsequiándole las facilidades para que pueda hacerse de nuevas imágenes y de mayor número de ideas. Potencializar, disciplinar y canalizar la fantasía, la creatividad, y la espontaneidad intelectual. Además, fomentar una capacidad de observación perspicaz, que resulte útil y valiosa en todos los aspectos de la vida del estudiante.

3.- Finalidades prácticas. Proporcionar a los educandos los recursos didácticos indispensables para poner en práctica aquellas variedades de la comunicación escrita que se utilizan más en la realidad cotidiana. Brindarles la ocasión de ejercitar los conceptos gramaticales y las lecciones ortográficas aprendidas.

3.- Metas estéticas. Establecer como un objetivo igualmente deseado el que los estudiantes sean capaces de una expresión escrita bella, desde el punto de vista artístico; manifestando en ella un disfrute lúdico, y una ponderación entusiasta por alcanzar y equiparar la excelencia de las letras con la de los pensamientos.

4.-Finalidad ética.Orientar las actividades educativas a que los discípulos logren tener una expresión de gran altura espiritual, que manifieste conceptos nobles, dignos y elevados; dignos para ser preservados en la escritura. Hacerles tomar plena conciencia a los estudiantes de que el mundo no es más que un diálogo constante y que en la medida en que su escritura este encaminada a capturar esos ideales que le dan sentido a la existencia, la realidad entera se verá enriquecida y transformada positivamente, por obra de una hermanación de las diferentes perspectivas del mundo. Esta anhelada fusión de horizontes hermenéuticos, se posibilita por un responsable uso de las facultades propias de la expresividad: la escritura.