La tecnología desde el punto de vista de una sublimación suicida. El fenómeno de lo humano como la mera consecuencia de hábitos relacionados con ciertos objetos materiales: el fetichismo como un auténtico logos del mundo. Hiperrealidad de cromo, hule, vidrio, y carne mezclada hasta el delirio. Erotismo decadente como forma de religaciòn profunda. Todo lo anterior lo encontramos en la fascinante obra del escritor James G. Ballard, titulada “Crash”. Este extraordinario trabajo literario, de mil novecientos setenta y tres, que dos décadas después sería trasladado a las pantallas cinematográficas de la mano del genial director David Cronenberg, se perfila como una de las creaciones culturales más duras, morbosas, enfermizas y lúcidas jamás realizadas.

La trama de Crash

Crash nos cuenta la historia del publicista televisivo Ballard, sin duda un alter ego del propio autor de la obra. Cuando el Ballard literario padece un accidente automovilístico y es internado en una institución clìnica conoce a Vaughan.

Con este extraño personaje comparte una secreta aficiòn: siente una gran atracción sexual por las escenas de percances en autopistas. Pronto Vaughan introducirá a Ballard en un siniestro culto en donde un grupo de bizarros hombres y mujeres se reúnen periódicamente para disfrutar de su obsesión: llevan a cabo colisiones en autopistas, previamente conciliados; realizan orgías, practican el voyeourismo de los accidentes carreteros, intercambian fantasías y obtienen deleite en la contemplación de heridas y cicatrices.

Viaje interior en un solo sentido

Sin embargo, a la postre, el lider del culto, Vaughan, muere en un accidente premeditado. Es entonces cuando Ballard se decide a seguir su áspera senda, en un descenso hasta las regiones más oscuras de la conciencia y así experimenta toda clase de actos intensos y alucinantes vinculados con los automóviles, que preparan su gran colofón personal: un monstruoso accidente en donde deje la vida.

Crash es un viaje iniciativo a las zonas más tenebrosas de la posmodernidad. Es como la travesía de un solo sentido hacia el lado oscuro de los humanos finiseculares, llevando como “libro de los muertos” el volumen “Las estrategias fatales” de Jean Baudrillard. Es una exploración sincera del onirismo extremo que estructura nuestra existencia diurna, segundo a segundo y que no siempre queremos reconocer: la tecnología advertida como la esencia misma de lo humano. James.G. Ballard tratará acerca de este mismo tópico en otras creaciones, pero nunca con la fascinante agudeza hiperrealista, de esta magnifica novela.