Mucho se afanan los teóricos de la educación en revolucionar los esquemas pedagógicos, o por el contrario, en descalificar, con rotundidad, toda posible evolución de las investigaciones sobre nuevas estrategias didácticas. Sin embargo, tanto una como otra posición caen en la trampa de la modernidad, que en una estratagema dialéctica- inédita serpiente de ouroboros- busca siempre el rompimiento, la superación o la transformación radical en aras de un progreso que nunca se da. Así y todo, existen algunas alternativas o modelos marginales educativos, que vale la pena atender. Veamos alguno de ellos.

Las civilizaciones mesoamericanas tuvieron a la música en una alta consideración, puesto que les brindaba un apoyo muy importante para acceder a la dimensión sagrada de sus deidades.

La oscura voz de los Teponaztli

Sus instrumentos musicales estaban construidos con el ideal de servir como interpretes de la oscura voz de la divinidad. Los músicos prehispánicos estudiaban con atención los fenómenos de la naturaleza, para poder emular con los instrumentos las fuerzas manifestantes del misterio insondable de la realidad.

Los teponaztlis, caracoles, palos de agua, silbatos, ocarinas, y flautas de carrizo que utilizaban los artistas náhuatl, mayas, olmecas, toltecas, mixtecos, o zapotecos por mencionar algunos, en sus sonidos, comunicaban los mensajes en clave de las voluntades ultraterrenas. Para estas culturas milenarias el universo estaba poblado de presencias de otredad, y era necesario aprender a escuchar las cifras de la naturaleza, su voz secreta, para poder comprender su sentido profundo.

Antonio Zepeda, hermeneuta de jade y fuego

El músico mexicano Antonio Zepeda ha dedicado décadas enteras de investigación para tratar de recuperar este arte extraviado de sus ancestros indígenas prehispánicos, de saber interpretar los signos de trascendencia en el mundo, a través de la música. Sus tentativas los aproximan grandemente al sentido de la hermenéutica filosófica contemporánea, y constituye un enorme aporte al ámbito de las pedagogías alternativas, la manera en la que, sin poseer registro exacto alguno de las composiciones rituales elaboradas por los indígenas mesoamericanos, Zepeda desarrolla un conocimiento intuitivo-musical, utilizando instrumentos y técnicas derivadas de las etnias aisladas que aún persisten en diversos parajes del vasto territorio mexicano.

Las estrategias de enseñanza de nuestro tiempo podrían beneficiarse en gran medida de este tipo de esfuerzos teórico-artísticos: ponderando los límites, tanto como los contenidos concretos de las diversas materias o temas escolares. Puesto que procediendo de este modo, se fomentaría el deseo en los estudiantes de colmar esos espacios o de ahondar lo conocido, a través de la creatividad y la investigación multidisciplinaria.